Huérfanos de Jan Tschichold*

El giro en la carrera de uno de los tipógrafos emblemáticos del siglo XX y una reflexión sobre la actividad tipográfica de hoy.


¿Por qué recordar a Jan Tschichold hoy? Este texto no busca rendir un homenaje al destacado tipógrafo de Leipzig (1902-1974), quien por otra parte tampoco necesita ser reivindicado. En todo caso, intentaremos una reflexión sobre el giro de su carrera y cierta huella que, en el marco tipográfico local y su enseñanza, dejó su legado. En este sentido también sería oportuno destacar el crecimiento de la producción tipográfica regional. No obstante, coexiste una visión reticente sobre este fenómeno, que no sólo da continuidad a paradigmas anacrónicos, sino que también duda de la dinámica innovadora del diseño tipográfico, fruto de una relación dialéctica entre tradición y novedad. La Tipografía, en el marco del desarrollo de la escritura, desde sus mismos orígenes, apeló a múltiples y cambiantes tecnologías. Es un fenómeno cultural ligado a su tiempo, a su sociedad.

El giro de Tschichold
En sus inicios impulsaba las premisas de la Nueva Tipografía. Desde esa posición arrojaba por la borda el bagaje histórico y cultural de los siglos precedentes. Sus posturas le valieron adhesiones incondicionales que lo transformaron en un referente de la Tipografía moderna. Los planteos de ruptura y reinvención dieron sustancia al modernismo tipográfico en la Europa de entreguerras. Pero cuando Tschichold se ve obligado a abandonar Alemania tras el ascenso del nazismo, se produce un quiebre en su pensamiento. Interpreta entonces que, a pesar de estar en las antípodas, sus concepciones habían sido influenciadas por un contexto que, de algún modo, también había facilitado la irrupción del régimen nazi(1). Establece así una fuerte conexión entre Tipografía, cultura y sociedad. Esta relación es, probablemente, la clave que permite comprender el giro de Tschichold, giro que el tipógrafo relaciona con su madurez, pero que algunos de sus pares entendieron como una traición. Inicia de esta forma una era de controversias, especialmente con Max Bill(2). Sin embargo, este giro lo presenta como un hombre de su tiempo. Un tiempo dramático, intenso, contradictorio, parte de lo que el historiador Eric Hobsbawm dio a llamar «el siglo corto»(3).

En su exilio, Jan Tschichold se acerca a la tradición tipográfica inglesa y pondera los valores democráticos sobre los que se asienta. Da comienzo así a otra fase prolífica de su carrera, de la que podemos mencionar su trabajo para Penguin Books.

De aquellas primeras reglas de juventud que incitaban a romper con el pasado(4), pasó a proponer con igual vehemencia otra serie de recetas(5). Vale decir que el trayecto del Tschichold joven al adulto contiene, a grandes rasgos, un correlato entre el moderno y el tradicionalista, entre el centroeuropeo y el anglófilo.

Las reglas y los fines
Sabemos que la Tipografía no se limita a la aplicación de una severa normativa. Cuando se impone una regla sin mediar la reflexión, la práctica tipográfica se construye sobre una lógica ajenizante. Las normas que Tschichold insta a aplicar en la Tipografía son consecuencia de sus propias experiencias y aspiraciones, es decir, responden a su propia subjetividad. Sus reglas suelen ser imperativas, casi no invitan al diálogo y tampoco propician una reflexión sobre los fenómenos abordados. En cambio, reclaman obediencia.

Algunos de estos «mandamientos» tipográficos se diseminaron luego en al ámbito educativo. Conviene cuestionar la extrapolación y reproducción stricto sensu de premisas surgidas en contextos diferentes, sin la adecuada referencia al marco original o a los factores que les dieron lugar.

Parece necesario entonces considerar desde lecturas contemporáneas el modo en que se presenta una historia muchas veces compleja y distante. Asimismo propiciar también el registro de la propia historia tipográfica, la generación de material teórico junto con el impulso a proyectos locales de investigación.

Pesada herencia
En relación al diseño de fuentes, Tschichold propone el estudio de las familias clásicas a fin de hallar los cánones objetivos de excelencia estética. De algún modo se muestra más inclinado a imitar los viejos modelos que en recrearlos(6). Este postulado todavía latente sostiene que los viejos estilos habían alcanzado tal grado de perfección imposible de superar. Sin embargo, los escritos de otros tipógrafos como Bodoni, Baskerville o Fournier, así como los del joven Tschichold, ponen en crisis los antiguos modelos por no responder a los nuevos tiempos. Sugieren nuevos enfoques de índole tecnológica, estética o filosófica, aunque también se puede agregar al asunto un condimento generacional. Pero el Tschichold maduro opta por los maravillosos monumentos del pasado. Sabon(7), la familia romana que diseñó en 1964, homenajea al gran Claude Garamond por medio de su discípulo, Jacques Sabon. Justamente Tschichold, quien pocos años antes había anunciado que las únicas tipografías que respondían al espíritu de la época eran las sans serif.

Es llamativo como subsisten por igual sus dos legados: uno modernista, otro más tradicional. Esta herencia bicéfala tuvo una influencia muy extensa en la educación tipográfica, perpetuando por un lado la fe en la Modernidad, y por el otro la admiración por el pasado.

De todas formas, no sería justo exigir a Jan Tschichold mayor honestidad intelectual. En última instancia, nos toca a nosotros, diseñadores y tipógrafos de este tiempo, cuestionar aquellas fórmulas desde una perspectiva actual. Pero puede que los huérfanos de Tschichold aún no adhieran a esta empresa.

Nuevos acercamientos, nueva identidad
La Tipografía invita a nuevos acercamientos. La lengua escrita, tanto en las plataformas tecnológicas tradicionales como en las más innovadoras, reinventa sus lazos con la actualidad. Así, el diseño de fuentes da cuenta de su época, relatando historias en tiempo presente. Propone casi sin saberlo una narrativa de lo local, de lo cotidiano, apelando a un imaginario que trasciende lo individual. Las ideas que se vuelven letra posicionan a los tipógrafos como actores culturales. Nuevas miradas dan cuenta de un fenómeno relativamente reciente: el diseño tipográfico como industria cultural de perfil tecnológico. Nuestra región tiene la oportunidad de desarrollar un rico potencial. La generación de tipografías diseñadas en América latina puede ofrecer una voz nueva al diálogo universal.

 

*El título “Huerfanos de Jan Tschichold” refiere a quienes, aun sin saberlo, siguen adhiriendo dogmáticamente a los postulados del Tschichold y de ese modo los inculcan a las nuevas generaciones. En ocasión de la publicación de este texto en ForoAlfa, los editores sugirieron la posibilidad de que se titulara “El giro de Jan Tschichold” lo cual a la distancia considero que es un título bastante adecuado. No obstante, fiel al espíritu que le dio origen, optamos por dejar el original.


1. Robin Kinross, «Modern Typography», Hyphen Press. Londres, 2004
2. Juan Jesús Arrausi, «La tipografía integral versus Tschichold», Revista tipoGráfica 67. Buenos Aires.
3. Eric Hobsbawm, «Historia del siglo XX», Crítica. Barcelona, 1995
4. Jan Tschichold, «La nueva tipografía», Campgrafic. Valencia, 2003
5. Jan Tschichold, «El abecé de la buena tipografía», Campgrafic. Valencia, 2002
6. Gerrit Noordzij, «Rule or law», en el libro «Reflections and reappraisals on Jan Tschichold», Typoscope. Nueva York, 1995
7. Robin Kinross (op. cit).

 

Miguel Catopodis ©