Letras de dos ciudades

Reseña del libro «Metro Letters. A typeface for the Twin Cities»

Letras de dos ciudades*

¿Puede una tipografía expresar la identidad de una ciudad? La lectura de Metro Letters. A typeface for the Twin Cities (Metro Letters. Una tipografía para las Twin Cities) propone indagar en la noción de identidad para desentrañar el interrogante y además ofrece algunas respuestas a través de proyectos tipográficos ciertamente originales.
El libro contiene una serie de ensayos, entrevistas y alfabetos que documentan un concurso desde su origen hasta el logro del objetivo propuesto, una nueva tipografía para identificar a una ciudad o, más precisamente, a dos ciudades contiguas: Minneapolis y St Paul, también llamadas las Twin Cities. Con esa finalidad, fueron convocados seis estudios: Eric Olson (Process type foundry); Peter Bilak (Typotheque); Conor Mangat (Inflection); Gilles Gavillet & David Rust (Optimo); Sibylle Hagmann (Kontour); Erik van Blokland & Just van Rossum (Letterror). La experiencia conforma una suerte de investigación sobre el vínculo entre tipografía e identidad. Un proyecto que puede remitirnos a fuentes paradigmáticas, ligadas con sus localidades, como la diseñada por Edward Johnston para el Underground londinense o bien, más próximas en el tiempo, la desarrollada por MetaDesign como tipografía identificadora del Festival de Arquitectura y Diseño de la ciudad de Glasgow (1999) y Capitolium, producida por Gerard Unger para la ciudad de Roma (2000).
En este caso, el alfabeto ganador fue identificador del evento TCDC (Twin Cities Design Celebration). Si bien no estaba prevista otra implementación en áreas metropolitanas, constituyó una buena oportunidad para que el público asistente compartiera este ejercicio de branding urbano. El evento estuvo organizado por el Design Institute de la Universidad de Minnesota (http://design.umn.edu/), universidad pública reconocida en materia de investigación, que suele impulsar proyectos orientados al campo social integrando el diseño con otras disciplinas.
Metro Letters se estructura en secciones de naturaleza diferente, pero todas propician la reflexión en torno al fenómeno de la identidad, un debate no exento de tensiones entre lo local y lo global. En ese sentido, ¿hasta que punto puede anhelarse que las familias tipográficas contengan una personalidad local?
Uno de los ensayos relata que en 1898 un humilde granjero encontró semienterrada una enorme piedra tallada con extrañas inscripciones que resultaron similares a una escritura rúnica del medioevo. Fechada en 1362, clamaba por auxilio a través de una infrecuente mezcla de lenguas nórdicas. La misteriosa pieza, bautizada como “runestone” (piedra rúnica), sigue siendo objeto de controversia. Algunos la reconocen como una señal emplazada por expedicionarios vikingos, extraviados en un continente no descubierto entonces de manera “oficial”. Se especula, además, que convivieron con los pueblos Ojibwe, Dakota u otros que habitaban en esta región de inviernos rigurosos. Actualmente, las Twin Cities son dos ciudades prósperas y cosmopolitas, fruto de sucesivas olas inmigratorias.
¿En qué aspectos debería concentrarse un diseñador de fuentes?, ¿en la población?, ¿en la arquitectura?, ¿en la historia?
El núcleo de la publicación se encuentra en la serie de entrevistas a los tipógrafos convocados. Allí exponen sus propuestas, pero también los procesos y la filosofía de diseño que articulan identidad con tipografía.
Ahora bien, ¿cómo se plasman los rasgos de las urbes contemporáneas en los signos tipográficos? Durante la entrevista, Erik van Blokland descree del camino más obvio, que consiste en reproducir un elemento gráfico de la ciudad a través de la morfología de los caracteres. Por otra parte, Peter Bilak sostiene que no sólo la fuente refleja una determinada identidad, sino el modo en que ésta se usa. Completa la idea con el ejemplo de su tipografía Fedra sans, utilizada en la misma semana en la imagen de un festival gay como también en la composición de un libro litúrgico finés. Frente a esta aparente contradicción, ¿cuál sería la aplicación correcta? Propone entonces una analogía sugerente: la tipografía es apenas un ladrillo en medio de esa construcción, la clave está en cómo y dónde utilizarlo.
Una de las secciones finales incluye la transcripción completa de las deliberaciones del jurado. Es interesante reconocer los distintos enfoques en juego: diseñadores, autoridades municipales y académicas intercalan sus preferencias hasta confluir, lentamente, en Twin, la propuesta de Letterror. Un concepto innovador basado en la diversidad de Minneapolis y St Paul, que reconoce no una, sino varias identidades en coexistencia simultánea. Una familia en formato OpenType compuesta por un set de diez variables poco convencionales: Sans, Poster Sans, Formal, Round, BitRound, Weird, Weird Round, Loopy, Casual y Gothic. Se sitúa en la línea de trabajos pioneros en el uso de la aleatoriedad como Beowolf, desarrollado también por Letterror en 1990. Mediante un sistema denominado Panchromatic Hybrid Style Alternator es posible controlar la apariencia de los textos, entrelazando las distintas variables de Twin. Con este sustento tecnológico, se propone que el website del TCDC vincule la tipografía con parámetros contextuales tales como temperatura, viento o estado del tránsito. Casi como un rompecabezas en donde las piezas pueden combinarse en infinidad de posiciones a partir de la interacción con el entorno.
Si bien el libro se editó en 2004, su contenido mantiene plena vigencia en tiempos de modernidad líquida –al decir de Zygmunt Bauman–, por los modos flexibles y difusos de concebir la identidad, que dan paso a nuevas categorías en el orden de lo individual y lo colectivo.
Por último, vale mencionar que tanto la edición como el diseño de Metro Letters corresponden a Deborah Littlejohn quien, entre otros aciertos, compuso una ingeniosa polifonía al hacer convivir las seis tipografías concursantes a lo largo de toda la publicación.

 

*publicado en revista tipoGráfica 72