(No) todo es tipografía

Durante mucho tiempo, la Real Academia Española ofreció una definición sesgada de «Tipografía» al acotarla a la técnica tradicional de componer con tipos móviles y, por otra parte, ligada al taller en donde se llevaba a cabo esta tarea. Una re-definición contemporánea, en medio de procesos tecnológicos cambiantes, no debe involucrar sólo a la técnica sino a su propia esencia. Así, «Tipografía» nos remite hoy a una noción más amplia, nos traslada a la manifestación visual de los mensajes lingüísticos. Como contracara de la ampliación en su significado, se usa «Tipografía» para designar obras que ciertamente no son tipografías.

El alfabeto latino es el andamiaje de la cultura occidental. Consiste en una serie de signos de naturaleza abstracta (característica compartida con el alfabeto griego o el cirílico). Cada uno de estos signos refiere a un fonema determinado y no guarda relación con objetos o representaciones icónicas, tal como sí sucede en sistemas ideográficos (una idea = un signo). Desde su surgimiento, hace más de 2000 años, la escritura ha moldeado la manera de pensar el mundo. Primero por medio de técnicas caligráficas y luego (aunque también en paralelo) con la tipografía, fruto del desarrollo de la imprenta de Gutenberg (muy posiblemente basado en sus antecesoras china y coreana). La tipografía basada en tipos móviles (una letra =1 tipo móvil) se consolidó como método de reproducción de la letra hasta bien avanzado el siglo XIX, momento en que devienen nuevas técnicas de impresión como el monotipo, el linotipo y el intertipo, hasta llegar a la tecnología digital.
En forma paralela a estos desarrollos, las formas alfabéticas inspiraron una serie de expresiones icónicas, producidas y distribuidas por medio de las mismas tecnologías que las utilizadas por la tipografía. De este modo, letras con formas humanas, posiciones del Kama Sutra o rostros con barbas, aparecen como muestras de la infinita capacidad de imaginar. Expresiones lúdicas generadas por medios manuales, digitales, fotográficos o, incluso, a partir del trazado de circuitos ciclistas urbanos cuyo diseño surge del contorno de una letra.
Sin embargo, tales manifestaciones no son tipografía. En los casos citados, la forma tipográfica es apenas una excusa para la creación de imágenes. Según la humilde opinión de este autor, no es exacto llamar tipografía a los alfabetos figurativos aunque estos hayan sido generadas haciendo uso de la tecnología tipográfica. Al decir de Eric Gill, “las letras son cosas, no imágenes de cosas”. Las formas del alfabeto son el fruto del largo desarrollo que derivó en un sistema abstracto, diferente a otros sistemas de naturaleza ideográfica, como el chino.

Los canales de comercialización son un asunto aparte. Empresas como Letraset (los memoriosos recordarán) solía proveer planchas transferibles de signos tipográficos así como de una variada gama de misceláneas e iconos. Actualmente, los formatos tipográficos (tales como OpenType) soportan indistintamente letras o imágenes icónicas, siempre y cuando hayan sido generados mediante trazados vectoriales. Las empresas dedicadas a la comercialización de fuentes, incluso fundidoras de larga trayectoria, pueden recurrir a una diversificación en su línea de productos al ofrecer «fuentes no alfabéticas». Pero una decisión comercial, lógicamente basada en la búsqueda de mayores réditos económicos, a juicio de quien escribe, no necesariamente implica la transmutación de la imagen en letra. En el ámbito empresarial es frecuente que muchas firmas se vean tentadas a extender y diversificar la oferta de productos, pensemos por ejemplo en conglomerados como Philips, creando categorías tales como «electrodomésticos» o «electrónicos», pero este agrupamiento no convierte per se a una licuadora en una cafetera. De manera análoga, la tecnología de producción tipográfica, basada las curvas de Bézier, no convierte en tipografía todo lo que toca. El sistema alfabético, digámoslo una vez más, es un sistema abstracto. Un dibujo con forma de letra no es una letra.

En todo caso, más allá del goce estético que estas manifestaciones basadas en la letra provocan en creadores y consumidores, es interesante señalar que: no todo lo que comercialmente se llama tipografía es tipografía. Y, por otra parte, a pesar de algunos vaticinios sombríos, la tipografía goza de muy buena salud. Y los dibujos basados en las letras seguirán en convivencia, desde ese otro lugar, cercano, pero distinto.

 

1)

pastito

 

2)

KamaSutra

 

3)

beardalphabet_2

 

4)

Letras urbanas

 
5)

letraset-figures1

 

De arriba hacia abajo: 1) alfabeto vegetal / 2) el Kama Sutra trasladado al mundo de las letras / 3) letras formadas por barbas / 4)  fotografía de paisajes urbanos que configuran letras, interesante proyecto de Lisa Rienermann / 5) plancha de figuras humanas transferibles de Letraset; idéntica técnica se utilizaba para los signos tipográficos.